Leyendas

EL TAJO DE LA CRUZ

España, no se si porque el sol ha cristalizado pedazos de historia en cada piedra, o porque los hombres de esta tierra unen el alma a su imaginación rápida y soñadora, España -digo- es un país pródigo en leyendas.

Y Lanjarón, que es un pedazo de España -un hermoso pedazo de España-, también tiene sus leyendas.

Por todos los rincones de esta ciudad, en cada calle, en cada puerta, están siempre vivas las leyendas de Lanjarón. Y, a nuestro paso, surgen trayéndonos re- cuerdos de otros tiempos. Desde los "aquelarres" de la Edad Media, con sus temores y sus encantos, hasta

la búsqueda y hallazgo de tesoros y manuscritos de los árabes, pasando por los amores de alguna princesa de la Media Luna con un joven cristiano, hay una gama extensísima que revoluciona la imaginación de los más pacíficos.

Y es así que, mientras caminamos por esta encrucijada de sangre e historia que es Lanjarón, a un tiempo -por su cosmopolitismo- vivimos las últimas corrientes filosóficas importadas del extranjero, o nos sentimos en plena época de la guerra de los moriscos, con su caudillo Aben Humeya al frente, o de la Santa Inquisición.

Esto es Lanjarón, una ciudad para descansar o para pensar; para sentirse lejos de todo, como en el centro de un océano, o para encontrarnos rodeados de un mundo complejo y lleno de colorido.

A unos kilómetros del municipio de Lanjarón existe un lugar que se conoce con el nombre de Tajo de la Cruz.

Está hacia el Oriente. Quizá por eso sea allí donde comienzan las leyendas de Lanjarón. El cazador,  muy asustado, corrió al pueblo y habló en confesión al cura.

-Me acuso, padre, de que...

Después del íntimo y secreto diálogo de la confesión, el hombre que hizo saltar sangre de la cruz, cuando disparaba a un zorzal, mandó construir -como penitencia de los pecados- una ermita junto a la cruz.

Ahora, todos los atardeceres, se unen la cruz y la ermita - yo lo he visto alguna vez entre sueños- en un abrazo perpetuo, para velar el sueño de los cañoneros.

La cruz lloró una gotas de sangre porque le molestaba la pólvora, y porque le dolía y le daba miedo de la muerte...

 

LOS TESOROS DEL TAJO EXPÓSITO

En una de las laderas de la Sierra, no muy lejos de Lanjarón, está el Tajo Expósito, lleno de leyenda y tesoros ocultos, según el decir de los más viejos habitantes de la comarca.

Cuando los moros tuvieron que abandonar la ciudad, en su huida precipitada, se vieron obligados a dejar en ella un sinnúmero de tesoros, entre ellos una campana de oro maciza.

Su intención, al principio, fue trasladarlo todo a las costas próximas de África, pero el rápido cerco de los cristianos se lo impidió. Entonces, pensando en que no se aprovechase el invasor, o con la esperanza en el regreso algún día, decidieron enterrar sus riquezas en este lugar que las gentes miran con codicia y respeto, y que se llama el Tajo Expósito.

o al menos antes tenía, la creencia de que los metales no pueden permanecer ocultos. Por eso, todas las noches de San Juan, a las doce en punto, se escuchaba el sonido de la cam-

pana. Algunos viejos así me lo han asegurado.

Los vecinos más próximos a aquel lugar iniciaron, en secreto, penosos trabajos en busca del tesoro.

Por aquellos días llegó hasta Lanjarón la fama de una sonámbula granadina, gran experta en asuntos de tesoros y maleficios.

Los incansables buscadores no dudaron en trasladarse a Granada, para consultar con la son'mbula. Esta les dio algunas pistas y explicaciones sobre el tesoro.

-Puedo deciros- aseguró la sonámbula- que el tesoro está oculto bajo siete voluminosas losas. Es todo el saber que me han dado mis estrellas.

El fin real de esta historia o leyenda nadie lo sabe con certeza.

¿Apareció el tesoro?

¿Existía realmente el tesoro?

El Tajo Expósito continúa allí, esperando.., con su vientre lleno de tierra y de misterio.

 

LA ESPADA MÁGICA DE QASIM

Cauenta la leyenda que el Castillo de Lanjarón fue escenario de una de las más cruentas batallas una vez finalizada la contienda de la conquista de Granada. En este baluarte alpujarreño se hicieron

fuertes los rebeldes que se habían alzado contra el Rey Católico y contra la humillación que padecían del Cardenal Cisneros que incumplía las más solem- nes cláusulas de las capitulaciones, que era libertad de conciencias y seguridad de bienes.

Apenas circuló por el reino de Granada la noticia del levantamiento del Albaicín, todos los veteranos de la Alpujarra, que habían soltado las armas con repugnancia, se sublevaron y propagaron el fuego de la insurrección en toda la comarca incluso en Almería y Ronda.

Qasim era unos de los responsables del ejército de El zagal al lado occidental de Almería. Su destaca- mento estaba en Adra de donde con gran tristeza vio partir a su rey el Zagal, el mejor guerrero que había tenido Al-Ándalus, hacia tierras de Marruecos, pero antes le hizo un regalo a Qasim por los servicios prestados y su lealtad, una preciosa espada con la empuñadura de marfil y tres precioso rubíes que significaban, el honor, la lealtad y la valentía y una inscripción "El imperio permanente y la gloria duradera son propiedad de Dios".

Después combatió en las filas de Boabdil contra los cristianos y estuvo presente en la humillación de la entrega de Granada por el último rey nazarí. Fueron años muy duros para un guerrero que pasó su vida entre contiendas y batallas. Sus conocimientos de la guerra eran extraordinarios y sin duda el mejor capitán que pudiera haber tenido ningún otro ejército.

La vida en Lanjarón era muy dura pues el medio de ganarse el sustento había cambiado significativa- mente y sus habilidades en la agricultura eran más bien escasas. Como artesano lo único que manejaba con habilidad era la espada y la lanza. Si a todas estas penumbras añadimos que Qasim era de piel negra solo le quedaba como recurso integrase en bandas de pillaje y salteadores de caminos muy profusos al término de la contienda.

La suerte estaba de su lado cuando prendió el fuego de la insurrección en la Alpujarra pues él era uno de los jefes nómadas que recorrían aquellas abruptas tierras dando golpes de efecto a cuanto caballero cristiano se cruzaran en su camino.

Así Qasim llego a acaudillar a más de tres mil moros en la fortaleza de Lanjarón armados con pertrechos cogidos de Adra y Castell de Ferro y mientras tanto el rey Católico partía desde Alhendin hacia Lanjarón para aplastar la sublevación, llegando al puente Tablate donde los sublevados se habían atrincherado aguardando a los cristianos.

El rey flanqueo esta posición, gracias a un traidor del ejército de Qasim, conduciendo las tropas cristianas por una estrecha senda, que a través de la montaña llegaba hasta Lanjarón.

Hicieron noche en la Sierra y atacaron al día siguiente el castillo que estaba situado en una elevada peña.

Qasim defendió la fortaleza con toda su bravura y haciendo cara la victoria de los cristianos, el alcaide de los donceles, el conde de Cifuentes y el comendador mayor de Calatrava dirigieron hábilmente los asaltos.

Una y otra vez el ejército cristiano embestía con fiereza las murallas de la fortaleza y a cada asalto eran muchos los que caían de uno y otro bando, la lucha era encar- nizada pues la situación del castillo parapetado en lo más alto de la peña hacía de su asalto una empresa difícil y costosa en vidas.

La noche llego con los lamentos de los heridos. El bando cristiano recogió a los suyos para curarlos o darle sepultura, los del castillo solo curaron a los que podían aun pelear. Las órdenes de Qasim eran bien claras o vencer o morir, no había rendición posible.

Sabiendo que sus horas estaban contadas y antes de que amaneciese, Qasim amparado en la noche y ayu- dado de una cuerda se deslizó por la cara más abrupta de la peña e introdujo su bella jineta (espada nazarí) en una de las profundas grietas de la Peña, camuflándola en las rocas y vegetación para que nadie pudiera des- cubrirla, y así nadie se apoderaría de ella como trofeo de guerra.

A la mañana siguiente la batalla continuaba con gran ferocidad.al medio día el Castillo estaba rendido a los cristianos, Qasim arrinconado por los soldados en lo alto de la fortaleza y viéndose perdido, saltó al vacío en un acto de bravura, estrellándose contra las rocas y muriendo lastimosamente.

Muchos fueron los que reconocieron su arrojo y valor otros en cambio se dedicaron a buscar la Jineta como botín de guerra, pero nadie la encontró.todavía está durmiendo en algún lugar de la Peña del Castillo de Lanjarón porque ella pertenece al honor, a la lealtad y a la valentía.

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